¿Por qué amasan los gatos?

Tu gato se sube a tu regazo, clava una pata, luego la otra, y se queda ahí, con los ojos entornados, apretando rítmicamente como si estuviera haciendo pan. Es uno de los gestos más queridos y peor explicados del mundo felino. En internet vas a leer que amasa porque te quiere, porque te marca como suyo y porque sus antepasados aplastaban la hierba. Solo una de esas tres cosas tiene pruebas detrás.
Lo que sí se sabe, en tres líneas
El amasado nace de la lactancia: el gatito presiona las mamas de su madre y eso ayuda a que baje la leche. En el gato adulto persiste por neotenia, la conservación de conductas juveniles. Lo que no está demostrado es que amasar sirva para marcar territorio: es una hipótesis, y la propia investigadora que más la ha divulgado la matiza.
Por qué amasan los gatos: qué está haciendo realmente
El amasado es un movimiento rítmico de las patas delanteras, que se extienden y se retraen alternando una y otra, sobre una superficie blanda. Los gatos empiezan a hacerlo cuando son gatitos recién nacidos y todavía maman.
La función original está clara: el amasado va unido a la succión y ayuda a estimular la producción de leche de la madre mediante la liberación de oxitocina. Es casi seguro que la conducta evolucionó por ese motivo. La cría empuja, la leche baja, la cría come. Un mecanismo simple y eficaz.
Pero hay una segunda capa que casi nadie cuenta, y es la más interesante.
Por qué los gatos amasan con sus patas: el mensaje químico
Amasar no solo mueve la leche. También es una forma de comunicación táctil y química entre la cría y la madre.
Cuando el gatito amasa sobre su madre se liberan feromonas relacionadas con el vínculo, la identificación o el estado de salud. Una de ellas tiene nombre propio: la feromona apaciguadora del gato, que producen las glándulas sebáceas que rodean las mamas de la madre. Transmite calma y seguridad, y refuerza el lazo entre la gata y sus crías. De hecho, su análogo sintético se estudia como herramienta para manejar la agresividad entre gatos adultos.
Por eso el conjunto completo —patas apretando, ronroneo, cuerpo relajado, a veces incluso babeo— no es un capricho decorativo: es un paquete de señales que el gatito aprende a asociar con estar a salvo y bien alimentado.
Amasan también los gatos adultos: la neotenia
Si el amasado sirve para sacar leche, ¿por qué lo sigue haciendo un gato de doce años sobre una manta doblada?
La explicación es la neotenia: la conservación de rasgos o conductas juveniles en la edad adulta. El gato doméstico es un caso de manual. Conserva el maullido —que los gatos adultos apenas usan entre ellos y reservan para nosotros—, el juego prolongado, la tendencia a chupar tejidos y, por supuesto, el amasado.
Es probable que estos rasgos resulten ventajosos cuando el gato tiene que convivir y socializar con humanos y con otros animales de la casa. El amasado, en concreto, puede haberse conservado porque sirve para comunicar. Amasar en tu regazo es la forma que tiene un gato de decir «estamos vinculados» o «estás en mi grupo social».
Por qué los gatos amasan a las personas y a sus dueños
Un gato no amasa a cualquiera. Elige. Y elige a quien asocia con seguridad, no con jerarquía.
Hay además un componente que solemos olvidar: nosotros reforzamos la conducta. Cuando el gato amasa y le respondemos con caricias, atención y voz suave, le estamos diciendo que eso funciona. No es manipulación: es aprendizaje normal, el mismo por el que aprende a maullar frente al armario de la comida.
Tampoco es exclusivo de los humanos. Un gato puede amasar a otro gato con el que convive bien, y también a un perro con el que ha hecho buenas migas.
Por qué mi gato me amasa y ronronea
Que aparezcan juntos tiene sentido: los dos vienen del mismo momento de la vida del gato. El gatito ronronea mientras mama y amasa; el adulto reproduce el paquete entero.
La combinación amasado + ronroneo + párpados a media asta + cuerpo blando es, con diferencia, el mejor indicador de que tu gato está tranquilo contigo. Un gato en tensión no amasa: se queda quieto, con las patas recogidas y el peso listo para salir corriendo.
Un matiz honesto: el ronroneo por sí solo no es sinónimo de felicidad —los gatos también ronronean con miedo, estrés o dolor, y en por qué ronronean los gatos lo explicamos con la tabla de lenguaje corporal para distinguirlos—. Pero acompañado de amasado y postura relajada, sí lo es.
Por qué mi gato me amasa la panza
Aquí no hay misterio: la barriga y el regazo son la superficie blanda, cálida y elevada más parecida al vientre de una gata que hay en toda la casa. Blando, caliente y con tu olor. Es el sitio.
Que elija tu tripa y no el sofá también indica que se siente cómodo estando físicamente encima de ti, algo que un gato inseguro no hace.
Por qué los gatos amasan las mantas, las cobijas y la cama
Las mantas de lana, las colchas y la ropa acumulan tres cosas a la vez: textura blanda parecida al pelaje materno, calor y olor familiar. Si tu gato elige siempre una prenda tuya concreta, no es casualidad: es la que más huele a ti.
Amasar antes de tumbarse es además una rutina previa al sueño, igual que un perro da vueltas antes de echarse. Verlo amasar la cama y dormirse a continuación es lo más normal del mundo.
Mi gato amasa y muerde o chupetea la manta: esto es otra cosa
Aquí está la confusión más extendida de todo el tema, y conviene deshacerla. Amasar y chupetear tela no son la misma conducta.
Amasar es normal en cualquier gato. Chupar o mamar tejidos de forma repetida —lo que en la literatura veterinaria se llama wool sucking— está clasificado como conducta estereotipada, y sí tiene datos detrás. En un estudio finlandés con 5.726 gatos de 40 razas, casi el 32 % mostró al menos un episodio de chupeteo de lana a lo largo de su vida, y los gatos destetados en la edad adulta o no destetados presentaron una probabilidad significativamente menor de hacerlo.
Se considera que nace de la motivación de mamar, y hay una predisposición por líneas: un estudio de casos y controles con 204 gatos se centró precisamente en siameses y birmanos. Curiosamente, esas mismas dos razas se citan también como las que amasan con más fuerza y clavan más las uñas.
Y aquí está el riesgo real: un gato que chupa tela puede acabar tragando trozos, y eso puede provocar obstrucciones intestinales que en algunos casos son mortales. Si tu gato chupetea mantas, retíralas de su alcance y vigila si aparecen vómitos, diarrea o pérdida de apetito.
Un apunte de rigor: el estudio finlandés es transversal y basado en encuestas a propietarios. Sus propios autores advierten de que, al no ser un experimento, no permite concluir que el destete temprano sea la causa. Hay asociación, no causalidad demostrada.
Mi gato no amasa: ¿le pasa algo?
No. Si tu gato no amasa, no le pasa nada malo, y no significa que te quiera menos.
Amasar es más frecuente en unos gatos que en otros, igual que unos son de regazo y otros prefieren dormir a un metro de ti mirándote. Un gato que no amasa puede estar expresando su confianza de otras formas: durmiendo cerca, frotándose contra tus piernas, siguiéndote por la casa o simplemente relajándose en tu presencia.
Lo que sí es una señal es un cambio brusco: un gato que amasaba a diario y deja de hacerlo de repente, junto con otros cambios de conducta, merece una revisión veterinaria. No por el amasado en sí, sino por lo que pueda estar detrás.
Me clava las uñas: qué hacer y qué no hacer
Pon una manta gruesa
La solución más sencilla y la que recomiendan los propios especialistas: una manta o un cojín grueso sobre las piernas antes de que se suba. Él amasa igual, tú no sufres.
Córtale las uñas con regularidad
Unas uñas romas cambian por completo la experiencia. No hace falta cortar mucho: solo la punta afilada, evitando la zona rosada donde hay vaso y nervio.
Prémialo cuando amasa suave
Si le respondes con caricias cuando amasa sin clavar, refuerzas esa versión de la conducta. Funciona mejor que cualquier corrección.
Lo que no debes hacer: regañarlo o apartarlo bruscamente
Es una conducta natural y positiva, y además la está dirigiendo hacia ti precisamente porque se siente seguro. Castigarla no la corrige: enseña al gato que acercarse a ti tiene un coste. Si molesta, muévelo con suavidad o redirígelo a un cojín.
Tres cosas que vas a leer sobre el amasado y que no son ciertas (o no del todo)
1. «Amasa para marcar territorio: te está diciendo que le perteneces». Esta es la más repetida, y se da por hecho en webs de clínicas veterinarias y de grandes tiendas. La realidad es más matizada. Los gatos sí tienen glándulas odoríferas en las almohadillas, eso está demostrado, y sí depositan una señal química con ellas: el semioquímico interdigital felino. Pero está documentado al rascar, no al amasar. La propia Susan Hazel, profesora de comportamiento animal de la Universidad de Adelaida, lo dice con claridad: es posible que el amasado sirva para depositar olor, pero ella distingue entre el amasado —que se ve en gatos relajados sobre tu regazo— y el rascado de objetos, que es lo que con mayor probabilidad tiene función de marcaje. Traducido: hipótesis razonable, no hecho probado. Y desde luego no un «esto me pertenece».
2. «Viene de cuando los gatos salvajes aplastaban la hierba para hacerse el nido». Aparece en artículos como un dato curioso, con seguridad absoluta. No hemos encontrado ni un solo estudio que la respalde. Es una idea plausible que se ha ido copiando de web en web hasta convertirse en verdad por repetición.
3. «Amasa porque lo destetaron demasiado pronto». Falso aplicado al amasado: amasan igual los gatos con un destete perfectamente normal. Ojo, porque hay artículos que se contradicen a sí mismos, afirmando en un párrafo que el destete precoz hace que no amasen y unas líneas después que hace que amasen más. Donde sí hay una asociación documentada es en el chupeteo de tela, que es una conducta distinta, como has visto más arriba.
Lo que todavía no sabemos
Merece la pena decirlo, porque casi ninguna web lo dice: el amasado no ha sido investigado a fondo. No existe un estudio dedicado específicamente a esta conducta. Lo que hay es evidencia sólida sobre las piezas que la rodean —la lactancia, las feromonas, la neotenia, las estereotipias— y sobre eso se construyen las explicaciones.
Los propios especialistas hablan en condicional. Susan Hazel, al explicarlo, dice que la razón es incierta y que la explicación más probable es que sea una conducta remanente de la etapa de gatito. Esa prudencia se pierde por el camino cuando el tema salta a los artículos divulgativos, y acaba llegándote como si fuera un hecho cerrado.
Preguntas frecuentes
¿A qué edad empiezan a amasar los gatitos?
Desde los primeros días de vida, mientras maman. Es una de las primeras conductas que aparece: el gatito recién nacido, todavía ciego, ya presiona con las patas delanteras las mamas de su madre mientras succiona.
¿Que mi gato me amase significa que me quiere?
Significa que se siente seguro y relajado contigo, y que te incluye en su grupo social. Es lo más cerca que un gato puede estar de decirlo. Lo que no procede es leerlo al revés: un gato que no amasa no te quiere menos.
¿Los gatos amasan a otros animales?
Sí. Un gato puede amasar a otro gato de la casa con el que tiene buena relación, y también a un perro conviviente. Suele aparecer después de sesiones de acicalado mutuo o en momentos de descanso compartido.
¿Hay razas que amasen más o con más fuerza?
Los siameses y los birmanos aparecen citados como las razas en las que el amasado con las uñas resulta más molesto, y son también las dos razas en las que se ha estudiado específicamente el chupeteo compulsivo de tejidos. Fuera de ahí, la variación es más individual que de raza.
¿Por qué mi gato babea cuando amasa?
Porque forma parte del mismo paquete de la lactancia. El babeo, e incluso el intento de succionar la superficie que está amasando, refuerzan la explicación de que el gato está reproduciendo la secuencia completa de cuando mamaba. En un gato relajado y sin otros síntomas, no es motivo de alarma.
¿Puedo enseñarle a amasar en un cojín en vez de encima de mí?
Se puede redirigir, no prohibir. Coloca una manta o un cojín blando en su sitio favorito y muévelo ahí con suavidad cuando empiece, acompañando con caricias. Lo que no funciona es apartarlo bruscamente cada vez: eso no cambia la conducta, solo cambia lo que siente al acercarse a ti.
¿Cuándo debo consultar al veterinario por el amasado?
Cuando la conducta —y sobre todo la succión de tejidos— es muy frecuente, se prolonga mucho, parece compulsiva o empieza a dañarle las patas o la boca. También si hay ingesta de tela, o si el amasado cambia bruscamente de patrón acompañado de otros signos como pérdida de apetito o vómitos.
Fuentes
- Hazel, S. y Henning, J. Why do cats knead? The Conversation, 2022. Ver artículo
- Choi, C. Q. Why do cats knead? Live Science, 2023, con declaraciones de Susan Hazel (Universidad de Adelaida). Ver artículo
- Ahola, M. K., Vapalahti, K. y Lohi, H. Early weaning increases aggression and stereotypic behaviour in cats. Scientific Reports 7, 10412, 2017. Ver estudio
- Borns-Weil, S. et al. A case-control study of compulsive wool-sucking in Siamese and Birman cats (n = 204). Journal of Veterinary Behavior 10, 543-548, 2015.
- Bradshaw, J. W. S., Casey, R. y Brown, S. The Behaviour of the Domestic Cat. CABI, 2012.
Escrito por Nadiia para Dakorely. Este artículo describe conducta felina normal y no sustituye una consulta veterinaria: ante cualquier cambio brusco de comportamiento en tu gato, acude a tu clínica.